miércoles, 27 de febrero de 2013

"Amar la Iglesia significa también tomar decisiones difíciles"

Gracias a todos los que me han acompañado. Nunca me he sentido sólo".
Jesús Bastante).- "Un Papa no está sólo en el barco de Pedro y por esto quiero dar las gracias a todos los que me han acompañado.Nunca me he sentido sólo". Un visiblemente emocionado Benedicto XVI acaba de despedirse de los fieles, que masivamente llenaban la plaza de San Pedro para darle su último adiós. Una despedida que no es una huida, pues como él mismo dijo: "No abandono la cruz". Pero "amar a la Iglesia significa también tomar decisiones difíciles", como la de su histórica renuncia. La primera que hemos podido vivir en directo.
"Quien lleva la barca es el Señor", apuntaló el pontífice. Antes de comenzar la audiencia, Benedicto XVI llevó a cabo un paseo en Papamóvil. La mañana era fría, aunque soleada, en la plaza de San Pedro.Decenas de miles de fieles, dispuestos con cámaras carteles y banderas de diversos países, se acercaron a dar el último adiós al Papa.
Antes de descender el auto, Benedicto XVI bendijo a varios niños que le fueron entregados por su secretario personal,Georg Gaenswein. En el improvisado altar, casi todos los cardenales, que a partir de mañana a las ocho de la tarde, serán los encargados de gobernar la Sede Vacante hasta la elección de nuevo pontífice. Uno de ellos, seguramente, será el 266 sucesor de Pedro.
Benedicto XVI, visiblemente emocionado, iba vestido con un abrigo blanco, y con alzacuellos, como el sacerdote que seguirá siendo. La primera lectura fue del apóstol Pablo a los Colosenses, leída por funcionarios de la Secretaría de Estado en distintos idiomas. "Lo generoso que es Dios", así concluye la carta.
Sus palabras no dejaron lugar al desperdicio. "El Señor nos ha dado muchos días de sol y ligera brisa, días en los que la pesca fue abundante, pero también momentos en los que las aguas estuvieron muy agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia y el Señor parecía dormir", afirmó el Papa, quien afirmó haberse sentido como San Pedro con los apóstoles en la barca en el lago de Galilea y que siempre ha sabido que en esa barca está el Señor.
"Y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino suya y no la deja hundirse. Es Él quien la conduce, por supuesto, a través de los hombres que ha elegido. Esta es una certeza que nada puede ofuscar y es por ello que mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios, porque no me ha hecho faltar a toda la Iglesia y también su consuelo, su luz y su amor", añadió.
Benedicto XVI agradeció la labor de los miembros de la Curia, y especialmente de su secretario de Estado, Tarcisio Bertone. "El Papa pertenece a todos y quiero dar las gracias a los que en estos días me han mandado mensajes". Y recalcó que "Dios guía a su Iglesia, sobre todo en los caminos dífíciles". Pese a su renuncia, destacó "no vuelvo a la vida privada. No abandono la cruz".
"He dado este paso consciente de la gravedad y de la novedad de este paso. Amar la Iglesia significa también tomar decisiones difíciles", recalcó el Pontífice, quien mirando a los miles de fieles congregados en San Pedro subrayó que "hoy vemos como la Iglesia está viva, en un momento en que muchos hablan de su declive".
Benedicto XVI aseguró además que ha renunciado al papado "en plena libertad", al notar que sus fuerzas han disminuido y no por su bien particular, "sino por el bien de la Iglesia". "La barca de la Iglesia es suya, y él la conduce rodeado por los hombres que elige". "Él nos conduce y nos ama", concluyóe, pontífice, quien pidió a los fieles que rezaran por los cardenales, que tienen "la difícil tarea" de elegir a su sucesor.
Síntesis de la catequesis
Queridos hermanos y hermanas:
Muchas gracias por haber venido a esta última audiencia general de mi pontificado. Asimismo, doy gracias a Dios por sus dones, y también a tantas personas que, con generosidad y amor a la Iglesia, me han ayudado en estos años con espíritu de fe y humildad. Agradezco a todos el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión importante, que he tomado con plena libertad.
Desde que asumí el ministerio petrino en el nombre del Señor he servido a su Iglesia con la certeza de que es Él quien me ha guiado. Sé también que la barca de la Iglesia es suya, y que Él la conduce por medio de hombres. Mi corazón está colmado de gratitud porque nunca ha faltado a la Iglesia su luz. En este Año de la fe invito a todos a renovar la firme confianza en Dios, con la seguridad de que Él nos sostiene y nos ama, y así todos sientan la alegría de ser cristianos.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme. Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro. Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia. Muchas gracias. Que Dios os bendiga.

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