domingo, 14 de abril de 2013

Sean Patrick O’Malley OFM



Si no fuera por el birrete color púrpura se le podría confundir tranquilamente por un humilde franciscano de visita en Roma. Sin embargo es cardenal y arzobispo de Boston, una de las diócesis más importantes de Estados Unidos.
Sean Patrick O'Malley es un cardenal "humilde", "valiente", "popular" no solo en el sentido de famoso sino porque siempre está dispuesto a 'bajar a la calle' y hablar con la gente, creyente o no. Tanto como para ser el primer purpurado en abrir un blog personal (www.cardinalseansblog.org), utilizado constantemente como instrumento de comunicación y de encuentro.
Nació en 1944 en Lakewood, y se trasladó pronto a Pensilvania. Con solo 12 años entra en el seminario menor franciscano. Con 21 hace la primera profesión con los votos temporales y entra a formar parte de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, asumiendo el nombre de Sean, en honor de san Juan.
Tras un periodo de diaconado en la Isla de Pascua, recibe la ordenación sacerdotal en 1970, y es enviado a Washington. Allí enseña literatura española y portuguesa y funda el Centro Católico Hispánico para la asistencia a prófugos e inmigrantes. En 1978, es nombrado vicario episcopal para Washington y en 1984 obispo coadjutor de Saint Thomas, en Islas Vírgenes, y luego obispo diocesano. En 1992 es nombrado obispo de Fall River, en Massachusetts. En 2002, de Palm Beach y luego arzobispo de Boston. Benedicto XVI lo crea cardenal en 2006, con el título presbiteral de Santa María de la Victoria.
Saltó al centro de la opinión pública por su lucha decidida contra la pedofilia del clero. En junio de 2010, es elegido por el papa entre los delegados para Irlanda por este escándalo. El capuchino vacía las cajas de la Archidiócesis para compensar a las víctimas e invierte en anuncios televisivos para que los fieles vuelvan a la Iglesia. La campaña publicitaria, con el título Catholics come home (Católicos volved a casa) funciona, y solo en Phoenix, lleva a un aumento de la frecuencia de los fieles de cerca de un 12%.
En relación al reciente cónclave, el arzobispo de Boston no se mordió la lengua y dijo que la cuestión esencial para el sucesor de Ratzinger sería "el gobierno central de la Iglesia", en particular una mayor coordinación y eficacia de los diferentes dicasterios, además de una "visión global", que permita al nuevo papa responder a los desafíos del mundo contemporáneo.
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